Salmo 51-50

esteban verellen (14)

Foto Esteban Verellén

Devuélveme la Alegría de la Salvación. Salmo 51-50

¿Cómo te fue la semana?

Los católicos celebran la Cuaresma y los viernes son días de recuerdo de la cruz de Cristo. Por eso rezan con frecuencia el Salmo cincuenta, de forma especial en estos tiempos.

Es el que compuso el rey David, hace miles de años, después de haber  cometido el terrible delito de haberse apropiado de la mujer de uno de sus hombres más fieles y de haberlo mandado matar.

Tiene muchas connotaciones ricas y profundas, que a buen seguro alimentarán tu espíritu.

La fuerza del perdón es infinita. Sin perdón no se puede vivir. Si no te perdonas a ti mismo no hallarás descanso; si no perdonas a quien te ofendió no tendrás paz; si no eres perdonado por alguien al que ofendiste te faltará algo importante por aprender.

Dios perdona siempre sin condiciones.

Piensa en presencia de Dios, me perdono a mi mismo en lo que me haya equivocado y reinicio de nuevo el Camino; perdono de corazón al que me ha hecho daño; y recibo el perdón del que me lo da….

Di este salmo con el corazón y saboréalo estos siete días y sentirás el viento del Espíritu Santo, la fuerza de la gracia en tu vida.

Hasta la próxima semana te envío la bendición de DIOS PADRE MISERICORDIOSO.

Del libro G. MEIRIÑO FERNÁNDEZ, El misterio de los salmos, ISBN 978-987-1621-3-2, De Oriente a Occidente, 2013, pp. 73 ss.

SALMO 51-50

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3Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
4lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

5Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
6contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
7Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

8Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
9Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

10Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
11Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

12Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
13no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

14Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
15enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

16Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
17Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

18Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
19Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

20Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
21entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Acerca de gumersindomeirino

Dr. en teología. Disertante. Escritor.
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