Cuento de Navidad. Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

navidad.cuento.meirinoCuento de Navidad

Era corpulento, gordito y autoritario. Se movía, a pesar de su peso, con cierta agilidad. Recién salía de celebrar Misa. Vestía camisa de clerygman que le identificaba como sacerdote de la iglesia católica. Atardecía. Las casas de los alrededores sonaban a Navidad. Árboles y casas adornadas con luces de colores que se apagaban y encendían. Del templo brotaba la melodía de un conocido villancico.

El cura se paró con un grupo de personas que cuchicheaban algo entre ellas. Una mujer de mediana edad le comentó, “¡qué lindas palabras las suyas, Padre! ¡Cuánta razón tiene! Ahora la navidad es una parafernalia, nadie se acuerda de Dios, todos piensan en comer, beber, fiesta, regalos…, ¡ya nadie se acuerda de Dios”!.

“Sí, —contestó, con su vozarrón el cura, gesticulando exageradamente— Mira con la cantidad de gente que se muere de hambre y todo el mundo gastando en luces, en adornos. El mundo no entiende nada de navidad. Los seres humanos se han vuelto materialistas y consumistas. Pero Dios ve todo y dará a cada uno lo suyo. ¡Hasta luego, hijos! ¡Felices fiestas!”.

El sacerdote cruzó la plaza para subirse al auto. Cuando tenía un pie en la camioneta, un niño pequeño de unos seis años, vestido pobremente, pero limpio, le salió al encuentro.

¡Buenas tardes, Padre!

¿Qué quieres niño? Ahora no puedo darte comida, me tengo que ir a celebrar la misa a otro lugar—contestó sin bajarse de la camioneta.

El niño sacó de una bolsita de plástico unas lucecitas de navidad y la imagen de un niñito Jesús de escayola y alargó sus bracitos hacia el cura diciendo:

 – Solo quiero que los bendiga y me explique, si me puede dedicar un minuto, ¿qué es la Nochebuena?

– ¡Ah, tú también gastas el dinero en cosas inútiles! Seguro que ahora me vienes con el cuento de que no tienes para comer, que tu padre está desempleado, que tu madre no tiene nada para darles a ti y a tus hermanitos pequeños…

El niño le miró sorprendido. Al cura, mientras hablaba, se le hinchaban los cachetes. Su cuerpo gordo empezó a inflarse hasta parecer un globo de aire. Sus pies empezaron a separarse del suelo y parecía que levantaba vuelo. La cabeza chocó con la parte alta de la camioneta. El hombre se estaba convirtiendo en un globo aerostático cuando el niño alargó el bracito y colocó la manito encima de la mano del sacerdote. Este se enterneció con el gesto. El niño le miraba a los ojos sin soltar ni un instante la mano del adulto que empezó a desinflarse y descender de la altura:

“Está bien, niño impertinente, — comentó mientras que con dificultad bajaba del auto y asentaba sus pies en la tierra— me has caído bien, estamos en navidad, te voy a dar unos pesos para que puedas comer algo con tus padres”.

No los necesito, solo pido que me bendiga estas luces y la imagen— respondió sereno el pequeño.

El cura tomó en sus manos las luces y la imagen de escayola dijo unas palabras en voz baja, e hizo la señal de la cruz sobre la imagen.

El niño insistió, — “Por favor, también las luces”.

El cura, que seguía perdiendo aire y ya estaba firme en el suelo, hizo la señal de la cruz sobre las luces.

El semblante del sacerdote cambió radicalmente y ahora fue él, el que tocó la cabeza del niño con su mano.

“Dime pequeño, ¿cómo te llamas?

Me llamo Jesús

¡Vaya!, ¡qué casualidad como el Niño de Belén! —Respondió con voz más delicada— Dime Jesús, ¿para qué quieres esas luces y esa imagen?”.

Son para mi vecina, una señora muy mayor. Ella es como mi segunda abuela. Vive sola. Está muy viejita. Ya camina poco, está gastadita. Me ha explicado que ella prendía las velas por la navidad en su casa, porque sabía que era la fecha de la luz. Me dijo que encenderlas era recordar que todos somos hijos de Dios, que todos tenemos una luz divina en nuestro corazón.

Después de cerrar el auto, la mirada del cura se dirigió a su nuevo amiguito y con voz suave y clara le confesó: -“Gracias pequeño, me has dado una lección. He entendido el mensaje de esta Navidad. En realidad, no iba a ninguna misa, si no a un banquete al que me había invitado una persona adinerada. Regreso a mi casa a encender las luces de mi corazón y a redescubrir la parte divina que hay en mi corazón”.

El niño observó como el hombre regresaba a la casa, a pie, caminando. Mientras el sacerdote se alejaba su figura se iba convirtiendo poco a poco en esbelta, gallarda, señorial. En medio de la noche, el niño observó que le rodeaba un brillo especial. Las ropas del cura se iluminaban y unos seres de luz dorada bailaban a su alrededor Parecían mariposas, o — “¡serán ángeles!” pensó con su corazón.

Sintió un cosquilleó en sus manos. Las miró. Las velas de sus manos se habían encendido y la imagen de escayola del Niño Jesús le sonrió levemente.

Santo Tomé 20 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

Gumersindo Meiriño

Escucha el cuento haciendo clik en la flecha:

http://www.ivoox.com/cuento-navidad_md_2662759_1.mp3″
Anuncios

Acerca de gumersindomeirino

Dr. en teología. Disertante. Escritor.
Esta entrada fue publicada en Artículos de teología y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Cuento de Navidad. Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

  1. MARÍA EVA dijo:

    HERMOSO!!! GRACIAS…BENDICIONES

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s