Salmo 104 (103) Envía tu Aliento de vida y renúevanos

gumer.meirino.teologiaPrecioso  himno a la Creación y al Creador.

Envías tu aliento y los creas y renuevas la faz de la tierra.

El sol brilla porque el Aliento de Dios, el Espíritu Santo, sopla cada segundo en el centro de su corazón.

El Universo se mueve al ritmo del corazón de Dios, el Espíritu Santo que le da las coordenadas y el orden

Las estrellas brillan porque el Aliento de Dios las ha encendido con la Luz del Amor.

Envías tu aliento y los creas y renuevas la faz de la tierra.

Todo es Amor en el Universo. Todo. Aunque, a los seres humanos, a veces, nos parezca ver oscuridad, todo es Luz. Los puntos oscuros que, aparecen de vez en cuando, resaltan el maravilloso resplandor del Amor de Dios que da vida y aliento a toda la Creación.

Envías tu aliento y los creas y renuevas la faz de la tierra.

En medio de esa maravilla que no terminamos de conocer el ser humano peregrina, entre extasiado y abrumado, a la casa del Padre, al Paraíso que lleva dentro de su corazón como un gran tesoro.

Envías tu aliento y los creas y renuevas la faz de la tierra.

El Aliento de Dios, da luz, calor …, vida, todo se renueva.

Belleza y resplandor son las obras de sus manos.

Sabiduría y amor son el modo de hacer.

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Salmo 104 (103)

Envía tu Aliento de vida y renúevanos

(Eclo 43; cfr. Rom 8,19-23; 1-20; Col 1,15-17; 2Cor 5,17; Ap 21,1-5)

1Bendice, alma mía, al Señor:

Señor Dios mío ¡qué grande eres!

Te revistes de belleza y esplendor.

2Te vistes de luz como de un manto,

despliegas los cielos como una tienda.

3Construyes sobre las aguas tus salones,

las nubes te sirven de carroza

y paseas sobre las alas del viento.

4Los vientos te sirven de mensajeros,

el fuego ardiente, de ministro.

5Asentaste la tierra sobre su cimiento

para que nunca más vacile;

6la cubriste con el océano como un manto,

y las aguas persistían sobre los montes,

7pero ante tu bramido huyeron,

ante tu voz tonante se precipitaron,

8escalando montañas, descendiendo valles,

hasta el puesto asignado;

9trazaste una frontera infranqueable,

para que nunca más aneguen la tierra.

10Haces brotar fuentes en los valles,

que fluyen por las quebradas,

11para que se abreven las bestias del campo,

y apacigüen su sed los asnos salvajes.

12A su vera habitan las aves del cielo,

         y entre su fronda entonan su canto.

13Desde tus salones riegas las montañas,

la tierra se empapa con tu acción fecunda.

14Haces brotar hierba para el ganado

y vegetales para el cultivo del hombre:

15para que saque trigo de la tierra

y vino que le alegra el corazón;

aceite para abrillantar su rostro,

y pan que lo fortalece.

16Se sacian los árboles del Señor,

los cedros del Líbano que él plantó.

17En ellos anidan los pájaros,

en su copa pone su casa la cigüeña.

18Los riscos son para los rebecos,

las peñas, madrigueras de tejones.

19Actúa la luna según sus fases

y el sol conoce su ocaso.

20Caen las tinieblas y viene la noche,

y rondan las fieras de la selva.

21Los cachorros rugen por su presa

reclamando a Dios su comida.

22Al brillar el sol se retiran

para tumbarse en sus guaridas.

23Sale el hombre a su tarea,

a su trabajo hasta el atardecer.

24¡Cuántas son tus obras, Señor,

todas las hiciste con sabiduría:

la tierra está llena de tus criaturas!

25Ahí está el mar: ancho y dilatado,

en él se agitan innumerables

animales pequeños y grandes;

26lo surcan las naves, y el Leviatán

que hiciste para jugar con él.

27Todos ellos esperan de ti

que les des comida a su tiempo.

28Se lo das y lo atrapan,

abres la mano y se sacian de bienes.

29Escondes el rostro y se anonadan,

les retiras el aliento y expiran,

y vuelven al polvo.

30Envías tu aliento y los creas

y renuevas la faz de la tierra.

31¡Gloria al Señor por siempre

goce el Señor con sus obras!

32Cuando mira la tierra, ella tiembla,

toca las montañas, y echan humo.

33Cantaré al Señor mientras viva,

tocaré para mi Dios mientras exista.

34Suba hasta él mi poema,

y yo me alegraré con el Señor.

35¡Desaparezcan de la tierra los pecadores,

que los malvados nunca más existan!

Bendice, alma mía, al Señor.

Aleluya.

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Acerca de gumersindomeirino

Dr. en teología. Disertante. Escritor.
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2 respuestas a Salmo 104 (103) Envía tu Aliento de vida y renúevanos

  1. Angel dijo:

    Simplemente digo que me encantó el salmo. Muchas veces no somos concientes de la magnitud de la obra de Dios. Gracias Gumer por compartir los salmos con nosotros

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